Seamos sinceros: el cuerpo humano no evolucionó para estar ocho horas (o más) pegado a una silla mirando una luz brillante. Si terminas el día con el cuello rígido o un hormigueo raro en las muñecas, no es que te estés haciendo mayor (bueno, quizá un poco), es que tu puesto de trabajo te está declarando la guerra.
Aquí te cuento cómo montar tu "trono" de trabajo para que tu espalda no te pase factura en unos años.
1. La silla: Tu base de operaciones
No hace falta que te compres la silla de gamer más cara del mercado, pero sí que sepas ajustarla. El error más común es sentarse como si estuviéramos en el sofá de casa.
La regla de los 90°: Tus rodillas y tu cadera deberían formar un ángulo de unos 90 grados. Si te cuelgan los pies, bájala o usa un reposapiés (un par de libros viejos sirven igual).
El apoyo lumbar: Tu espalda tiene una curva natural. Si tu silla es plana como una tabla, pon un cojín pequeño en la zona baja de la espalda. Tienes que sentir que la silla "te sostiene", no que te estás hundiendo en ella.
La altura: Ajusta la silla de modo que tus antebrazos queden paralelos al suelo cuando toques el teclado.
2. El teclado y el ratón: El baile de las manos
Aquí es donde la mayoría fallamos y terminamos con el temido túnel carpiano.
Muñecas rectas, siempre: Este es el mandamiento número uno. No las dobles hacia arriba ni hacia los lados. El teclado debe estar a una altura que te permita escribir con las muñecas en posición neutra, "flotando" un poco.
¿Patas del teclado? ¡No!: Esas pestañas que tiene el teclado para inclinarlo son una trampa. Inclinan el teclado hacia ti, obligándote a doblar las muñecas hacia arriba. Mejor déjalo plano.
Cerca del cuerpo: No estires los brazos para alcanzar el teclado. Los codos deben estar pegados a tus costados, formando una "L".
3. La pantalla: Mira de frente al mundo
Si estás mirando hacia abajo (típico de quien usa solo un portátil), tu cuello está cargando con el peso de una bola de bolos.
Altura de los ojos: El borde superior de la pantalla debe estar a la altura de tus ojos. Así, tu mirada descansará de forma natural en el centro del monitor sin inclinar la cabeza.
Distancia: Estira el brazo. Si la punta de tus dedos toca la pantalla, estás a la distancia perfecta.
4. El truco maestro: No seas una estatua
Puedes tener la silla de la NASA, pero si no te mueves, te va a doler igual. El cuerpo humano ama el movimiento.
Consejo de amigo: Aplica la regla 20-20-20. Cada 20 minutos, mira algo que esté a 20 pies (unos 6 metros) durante 20 segundos. Y ya que estás, levántate y estira un poco los brazos. Tu cerebro también te lo agradecerá.
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